miércoles, 16 de abril de 2014

Paso

  Cuando voy caminando por la calle y me encuentro con una persona, por ejemplo, sin piernas, acomodada en un rincón tan sucio como su cuerpo, esperando recibir alguna limosna (ayuda efímera que no sirve para solucionar el problema, sino para maquillarlo durante un tiempo mínimo), tengo sensaciones encontradas: por un lado, siento que lo humillo, con mis posesiones materiales que tanta comodidad me dan, con mis piernas que tan bien andan; pero por otro lado, me siento humillado yo, porque recuerdo algunas personas cuyas historias conocí en algún libro, en algún programa de televisión o alguna página de Internet, que sin tener piernas, hicieron muchas más cosas que yo, y pienso “este tipo tiene más posibilidades de humillarme, más posibilidades de hacerme sentir menos, de las que yo tengo de hacerlo sentir menos a él”. Y paso, simplemente paso caminando, sin mirarlo.

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